Sin la elucubrada necesidad de expresarlo, porque sé y sabemos que estás.
Desempeñando el papel de vastos sustantivos y verbos varios, estás: LA PASIÓN, aquella blanca nube que esboza retazos rojos como los rayos del sol; EL DESEO, aquel viento que desmorona los castillos de arena apilados en el mar de los sueños. Estás. Eres la vida, la misma vida que promete encantadores vuelos a los amorosos que se empeñan en amar; LA PAZ, aquella suave brisa que arremete, sigilosa, ante el pesar; EL DELIRIO, revoltijo de emociones e inocentes sensaciones que arriesgan la razón. Eres tú... estás.

Me incitas a vivir, alejada de mí, y a la vez tan apegada. Ensordeces mi mundo interno con palabras que acarician los rincones de mi alma. Me entorpeces. Desactivas mis neuronas con orgasmos de alto voltaje, para luego derretirse en las orillas de mi cama, y estás...

Apacible, en los vicios de mi cuerpo.
Ardiente, en las entrañas del deseo.
Latente, en los espasmos de mis ganas.

Como luz, que incandescente ilumina los portentosos pecados capitales de la vida mundana. Como pureza que los opaca. Como aire que da vida. Como sonido que me llama.
Latido que hace palpitar mi corazón. Eres, estás, no dilatas, no detienes, avanzas, arremetes, no condenas, me liberas, adelantas, enajenas, vuelas, me elevas, no caes, no pasas, no caducas, me contagias.

¿Sientes la pasión que emana de mis ojos al verte, al bendecirte, al contemplarte? Porque al mirarte, me pierdo en tu espacio, buscando sucesos que no permitan escaparme.
Amo tu cielo, tus ríos, tus locuras, tus deseos; porque eres brillante firmamento en mis noches de desvelo. Estás, eres. Eres lo que yo más quiero.

Mi vida es blanca tentación y aun así te divinizo entre mi cuerpo. Estás... donde yo te anhelo, donde el amor dice "yo te espero". Porque sé y sabemos que nos tenemos, que el paraíso tenemos ganado y nos envuelve un viento de ensueño.

Porque estás, eres.
Serás... estarás, por siempre.


© Luzía