Imprecisas mis manos que piensan en tocarte cada amanecer... te leo en mi cama, desnuda, escondida tu alma entre mis sábanas; te pienso atenta, incapaz de olvidarte, desprendida de todo para en mi paz encontrarte...
Y te encuentro... elegante en mi cabeza, portentosa en mi corazón, te encuentro más allá de mis sueños, porque te tengo, presente, cada momento...

Y te siento, tras cada suspiro de mi cuerpo, tras cada vacío inmenso que aparece al no tenerte, al tratar de poseerte, a través de la distancia, a través de los silencios..
Amor, te tengo... escrita en cada línea de mi cuerpo... en cada uno de los lunares de mi piel... de las líneas de mis ojos y los tonos de mi voz... Te tengo, cual primavera a las plantas que florecen... cual cielo que con estrellas se embellece... Te tengo dormida, te tengo en mis huesos...
Te tengo en la palma de mi mano como el tesoro más grande que poseo.

Eres como el viento... el más fresco en cada amanecer, el más cálido al anochecer, cuando nuestros cuerpos se funden en un sólo querer... Tus besos, tus abrazos, tus caricias son como alivios precisos ante cualquier cicatriz de mi alma... ante cualquier herida de mi corazón...
Eres paz, calma de noches serenas, de días plagados de impaciencias...
Eres sol que ilumina mis anhelos, que viaja conmigo y despierta mis deseos.... Eres vida que da vida a mis sueños y color que refleja, las ganas que tengo...

Tu esencia es motivo del amor que te tengo, de la paz que me provocas en mis noches de desvelo; motivo de la luna que contemplo... en un cielo estrellado y cargado de vuelos... vuelos que son transporte de mis más inimaginables pensamientos, pensamientos que te llevan, pensamientos en los que te tengo, en mi alma y en mi cuerpo... como el más bello tesoro que poseo.

© Luzía