Ver tus ojos, comparados con las margaritas que florecen, que marchitan, que se aplazan.

Ver tu luz, comparada con los rayos de sol que calientan, que iluminan, que traspasan.

Ver tus brazos, comparados con la ternura de una linda madrugada, comparados con la tierna luz de una venidera mañana.

Ver tu esencia, comparada con un ángel de la guarda, contemplándote encendida junto al tiempo que se marcha.

Ver tu cielo y recordarte en él, adherida, suave, incauta, parsimoniosamente acompañada por una suave melodía atribulada.

Ausente, presente, dibujada... acechada por las sombras que entre cedros y pinos te buscaban.
Trazando con tus manos viejas líneas repasadas.

Y veo tu ser, comparado con el viento que no calla, comparado con mis pasos que desvían las coartadas.

Y te extraño, como extraña la noche a la mañana.
Y la madrugada espera, junto a la puerta, a la nostalgia que la acompaña, para ver tu sombra comparada con un satín de gala.

Ver tus manos, comparadas con las manos de arquitectos que se dedican a construir miradas, comparadas con las manos de artistas que con sólo una palabra todo cambian.

Y te amo, al ver tus ojos, tu luz, tus manos, tu esencia, tu cielo, tu ser... tu alma; y te amo con las fuerzas que se recuestan conmigo, a pensarte, en mi cama.

© Luzía