He evitado comenzar mi día quitándome las ropas y vistiéndome de pijamas, regresar de la escuela para ir a mi trabajo y andar, andar al revés, siempre al revés.
Con los pasos que se dan desde adelante hacia atrás y los suspiros que en lugar de salir han de entrar. Mis nudillos me han cogido por el cuello amenazando con matar, la sangre se evapora y hay espacios sin cerrar.
De mi boca pongo al plato la comida y mis dientes no trituran mas que aire, sólo aire. Y mis letras ahora salen al revés, siempre al revés.
No he recordado cómo ponerle el acento a la vida y el signo de admiración a la fe.
Los gritos se aferran a mis cuerdas vocales mientras pasa el huracán Desolación. La música entra por mis poros, cual bandida, y roba mi sentido del oído.
Mis manos intactas. El viento que quema y el fuego que estafa.
Las hojas caen del piso a las ramas, las nubes se escapan del inframundo hasta el cielo. Las aves no cantan.
La luna pende de un delgado hilo. Los tentáculos que unían mi corazón con el fondo del océano se han distraído.
Mi mente depende de un basto soplido. Mis ojos se abren en lo oscuro, se cierran a la luz.
Y estoy al revés, siempre al revés.

Colores cual negativo. Blanco y negro, sepia, azul. Los aviones vuelan de regreso y se pierden en el sur.
Los seres humanos de cabeza, los canes caminando con sus lomos, los peces boca arriba y las tortugas sin caparazón.
La televisión encendida, el sonido en silencio y el silencio que nunca se calló.
La trova metálica y el rock trovador.
¿Por qué está todo al revés, siempre al revés?
Mi mano escribe de derecha a izquierda perdiendo sentido, dirección y compás. Con los puños camino y lágrimas no quiero tomar.
Mi estómago se infla al exhalar y desaparece al inhalar.
Mi corazón al diástole se cierra y al sístole todo deja pasar. Las dendritas de mis neuronas ya quemadas están y mi glándula pituitaria no se esfuerza por pensar.
Y yo sigo al revés, y siempre al revés.

© Luzía (Junio 20 del 2007)