Y saber a las madres que lloran sangre por los hijos muertos. Y los niños que respiran violencia en lugar de un aire limpio. Los ancianos que transpiran hiel en su sudor mientras pausadamente corren para salvar su pellejo. Los estudiantes que rezan en el rincón de algún aula para que la puntería del francotirador falle, olvidando por completo las Leyes de Newton o el estilo de Nietzsche. ¿Será un devastado mundo o, mejor dicho, un mundo devastador?

Hace cerca de ocho años murieron trece personas en el Instituto Colombine, en Colorado, asesinadas a sangre fría por dos adolescentes perpetradores y suicidas, además de todo.
Hace un año, la muerte de cinco niñas en un colegio del condado de Lancaster, en Pennsylvania. Acto llevado a cabo por otro experto en las armas. Desalmado, sin duda alguna.

Mes tras mes, las guerras siguen, sin sentido alguno si lo vemos humanamente, restándole importancia al gran slogan del mercado de la vida: "Vive plenamente, vive con dignidad". El aborto, la eutanasia, las "Cruzadas", la famosa Inquisición, los ataques terroristas para "honrar", para "alabar" a un Dios. ¿A quiénes engañamos?, ¿a quién carajos pretendemos eximir de todas estas realidades? Crudas realidades, o ¿debería decir: "fatalidades"? Ya no sé. Es el mundo en que "vivimos", aunque tal vez deba cambiar mi mentalidad y acostumbrarme a decir: "Es el mundo en que morimos".

Ahora, Abril del 2007, el surcoreano Cho Seung Hui privó de la vida a treinta y dos universitarios en la ciudad de Virginia, sí, nuevamente, en los Estados Unidos de Norteamérica. ¿Heridos? Otros tantos. ¿Cómo es posible? No supe qué pensar cuando me dieron la noticia, no lo sé ahora tampoco. Todavía no lo sé. El suceso me apesadumbró muchísimo y me quedé con la ambigua idea de no saber, de igual manera, a quién culpar, ¿a un individuo de ojos rasgados que se decía era de pocos amigos y de actitud "extraña", al cual yo, como la mayoría del mundo, ni siquiera conocía a la perfección como para poderlo juzgar? o ¿a un país que ha educado a su Presidente para únicamente decir ante tan grave situación: "Estamos rezando por las familias de las víctimas..."?
Busco en mi diccionario mental las palabras adecuadas para luego no ser blanco de algún ataque nuclear estadounidense (ja ja) o presa fácil de una Glock 9 mm, como la de Cho.

Que Dios los bendiga a todos. Pero no basta. Que la Humanidad se bendiga a sí misma. Pero tampoco basta. No basta con que las banderas de todos los condados cercanos o de todo el país ondeen a media asta en señal de duelo. No basta con que cerremos los ojos y dirijamos una oración a Quien Sea en lo que cualquiera crea. No basta con que las Universidades activen sus alarmas cada que haya un falso "atentado" o igual uno certero. No basta con que los padres se preocupen por sus hijos estudiantes, ni basta que los hijos imaginen el sufrimiento de sus procreadores si llegasen a morir asesinados en medio de una clase de Física Cuántica o de Literatura Inglesa. No basta con que existan actos de amnistía o de indulto. No basta con los corazones atribulados del Presidente George Bush y de su esposa, la señora Laura Welch. No basta con los arrebatos de ira y desesperación de las madres que han perdido a sus hijos; de los hermanos que se han quedado sin confidentes, sin compañeros de riñas; de los amigos que se han quedado sin almas gemelas. No basta con que nos alarmemos ni con que nos pesen las noticias como ésta si en dos años se olvidará. No basta con que las instituciones educativas implementen nuevas reglas de seguridad ni con que los docentes pongamos más atención a nuestros estudiantes, no sólo a los retraídos o con conductas "extrañas" o a los genios, sino a todos, en general. No basta tampoco con que las fuerzas del FBI o de la AFI o de la EUROPOL trabajen día y noche para tener Cuerpos altamente especializados y competentes en contra del gran monstruo llamado Delito. No basta con que la maldad sea erradicada a través de mil y una estrategias en Blacksburg, Virginia; la maldad es un residente de todos los rincones del mundo.
No basta con tantas cosas, mas...¿bastará con qué?

Quiero no ofrecerles a mis sobrinos, a mis alumnos, a mis hijos (si los llego a tener), un mundo con un cielo rojo, tachoneado con lápidas de seres inocentes; quiero que sus ojos no contemplen un tanque de guerra en el desierto en lugar de contemplar la quietud de sus arenales, un buque naval en el océano en lugar de admirarse por la serenidad y profundidad de sus aguas turquesas azuladas. No quiero que se asombren de las luces de una bomba en lugar de los fuegos pirotécnicos de algún día festivo.

Las manos ingenuas se hunden en baldes de sangre y restos humanos. Los cielos se abren para dar paso a almas confundidas, asustadas, incluso aún luchando por recuperar sus vidas. Los ojos no culpables se derriten ante el disparo de misiles, ante el chasquido de gatillos incesantes. Las pupilas se dilatan a reventar, los párpados no se cierran para dejar entrar a la violencia y arremeter contra el amor, contra la paz, contra el perdón. Las calles se engalanan de alfombras rojas para que desfilen famosas figuras como la injusticia, el odio, el hastío, el ocio, el orgullo, la corrupción, el egoísmo, la maldad. Los pies luchan por evitar pasos en falso, pisan minas, aplastan huesos, se tropiezan con cuerpos inertes, acabados por la miseria, por el hambre, por la mano del enemigo conocido o desconocido. Las aves trituran las migajas del mal, las crías se alimentan de suculentos manjares inicuos y sucios. La espalda de Cristo recibe, resignada, más laceraciones; su corona, más espinas; sus llagas, más vinagre; sus huesos, más fracturas; su corazón, más tristezas; su alma, más misericordia, más perdón.
María llora cubierta de rosas. El viento se esconde de la tripulación de demonios. Los ángeles luchan, intentan, arremeten, vuelven a Dios. Los hombres se olvidan de ser hu-ma-nos. La cadena alimenticia está vuelta un caos. Hombres que depredan hombres. Basta.
No quiero un mundo así. ¿Con qué basta?

Israel, Estados Unidos de Norteamérica, Iraq, Irán, Koreas, Alemania, Roma, Colorado, Virginia Tech, Pennsylvania, Texas, New York, Washington, Venezuela, Rwanda.
El mundo entero. ¿Qué esperamos?, ¿cuántas tragedias más habrán de suceder para ponernos atención, primero a nosotros mismos y luego a la Humanidad entera?

Quiero contemplar la luz de un sinfín de velas por la paz y no contemplar un estadio lleno gente, sosteniendo velas en sus manos, en algún Condado de cualquier país, para pedir y llorar por no sé cuántas víctimas de un asesinato, de una masacre, de un casi genocidio.

Que las madres ya no lloren sangre por los hijos muertos, ni los pequeños respiren violencia en lugar de un aire limpio. Que los ojos no rompan en llanto, ni los corazones se curtan por penas.
Quiero vivir plenamente y con dignidad, quiero que todos vivamos igual.

© Luzía (Abril 18 2007)