Suceso: Miércoles, 28 de Febrero del 2007. FIN de mes.
Escrito el: Jueves, 1 de Marzo del 2007. FIN del fin de mes.

¿

Un jardín

maldito

? Lo pisé, sin darme cuenta. Me han pinchado la planta de mi pie derecho un par de veces. No volveré a caminar descalza por algún lugar que no conozca bien. Bromeo, dejaría de ser yo si en verdad lo hiciera. Argucias. Mi vida dará un giro extraño, lo sé, lo siento, lo veo, lo huelo.
Recordé a Cirila, supongo que, como a ella (Ignazio no me dejará mentir), mi sentido del olfato no me fallaría, tampoco mi instinto. Intuiciones. Benditas premoniciones. Ayer fue un día muy extraño, en especial por la noche. El viento dejó de soplar y la luna calmó su impaciencia apuñalando a cada una de las estrellas que voluntariamente le hacían compañía. "¡Traidora!", le dije (Lucía Borsani me ha de disculpar por mi arranque de ira). Su luz se hizo más tenue y quedó la noche sosegada en completa oscuridad. Me perdí hasta encontrarme.
Acudí a alguien por necesidad. Las sonrisas y el tirarme de espalda en el "tombling" de casa de "Q" y "Z", me harían bien para volver a respirar. Contemplaba el cielo: oscuro, silente, abnegado, renuente. Mis manos debajo de mi nuca. Era tarde, más de lo normal. Mis ojos pretendían cerrarse cada vez que "X" me imploraba por mantener en orden mis lagrimales. Insistía, ¿yo? No escuchaba. "Y" con sus miradas y pláticas inútiles y en vano por tratar de "ligarme" aun sin conocerme, ¿yo? Ignorándole, inmersa en mis pensamientos debajo de un cielo que esa noche desconocía, tirada de espalda, con los ojos bien apretados y mis manos temblando. Como nunca.
"Qué situación tan patética", pensé. Nadie tiene la culpa de lo que a mí me pase. Basta Yú. Quiero por hoy quedarme tranquila. Al menos por hoy, después de tantas cosas. Anhelo respirar profundo, sentir el oxígeno llenando mi ser, no obstante siento un gas que quema y que va dejando cada uno de mis órganos en detrimento. Mi pecho convulsiona, mi cabeza arde.
Me levanté, como pude. "Y", "X" y compañía se quedaron atónitos. Pedí silencio. Lo tuve. "Me marcho", susurré. Terminó.

Mi cuarto era un desastre. "¿Quién carajos había estado aquí?", me exasperé de nueva cuenta. El camino, dentro de "mi realidad", me había servido un tanto para serenarme. Volví a evitar más negatividad dentro de mí. Destendí mi cama, me recosté en el piso. Ironías. No sé qué quería sentir exactamente. Las paredes blancas de mi habitación comían mis sentidos a mordidas, el sexto, quedó intacto. Se me nubló la vista. Los cambios me asustan, ocasionalmente, sobretodo cuando son internos. Recordé que pensaba. Busqué mi celular para satisfacer mi necesidad de orientación temporal. No tuve suerte o, mejor dicho, la tuve al no alcanzarlo. Entonces hice uso de mi reloj biológico. Habían transcurrido algunas dos horas, tal vez...

(Continuará...)