...Y sí, preferí tener amnesia. Falsos recuerdos. Retomé mi infancia cristalina hasta que un cúmulo de nubes adversas me arrastraron al oscuro pasillo que carecía de fin. "Vi la luz años después...", pensé en voz alta y desistí. La vida da tantas y tantas vueltas, y uno entierra, uno muere, uno cava sus lápidas, las de otros, uno renace, uno se suicida, y a veces en vida... a veces en vida. El suelo se tornaba más tentador. Escalofríos. Sentí un sobresalto en mi pecho, seguí inmóvil. Lo blanco que podían contemplar mis ojos se desvanecía ante la impaciente flama de una vela que se decidía entre apagarse o permanecer encendida. Sentía el calor en mi hombro derecho. "Hay más lunares que de costumbre". (El sol en mis entrenamientos debe estar acosándome para surtir sus efectos). Ya no habrá líneas que se tracen en mi cuerpo como imaginando a "Casiopea", reina de Etiopía convertida en constelación, con cada lunar al encuentro. Moví mi cabeza hacia mi lado izquierdo como si eso lograra extirpar recuerdos, cortarlos de raíz; como si mis hemisferios quisieran levantar un muro de Berlín que los separase para estar más distantes cada vez y sublevar así la ausencia. Limpié mi mejilla. Como sangre que baja al torrente para convertir en púrpura los cristales líquidos. Tenía un rojo cristalino en los nudillos de mi mano, pero no le di importancia. "No lo van a entender... no lo harán", me gritaba mi "semi-consciente".
Comenzaron a entrar tenues rayos de sol por la rendija que dejé abierta en mi balcón. Solté mi mente y por instinto huyó al rincón donde aguardaban los recuerdos, quise detenerla pero mis fuerzas eran nulas. "La mente es poderosa, tu mente lo es...", recordé. "¿Que si vas a estar bien?, ¿tú lo preguntas, siendo una guerrera?", casi podía escuchar a "I" diciéndome eso en tono aliciente. Guerreros... alguna vez escribí que inclusive a un guerrero se le puede contemplar hincado, mirando sus pies, cansado de luchar, cansado de andar y sin embargo... siempre se le contempla levantando la mirada, empuñando su espada y volviendo a caminar.
¿Cuál será el camino?, ¿cómo será? Pretendo averiguarlo. Mañana será tarde. Pasado quizás temprano. ¿Alguna vez se deja de "volver a empezar"?
Las escasas coartadas dan paso a valientes soldados corriendo a través del campo de batalla. Praxis. Tanta teoría en mi cabeza y... ¿cuánta práctica?
El tiempo se me fue orando, dentro de mí. "Sé lo que vendrá...", murmuré divagando en un sinfín de ideas, hurgando en el abismo de mi fe.
El tono de "I write sins not tragedies" en mi celular me hizo estremecer, el mensaje decía: "¿Te encuentras bien?", despreocupada por eso pero preocupada por la hora que sería me desvestí y me duché en cuestión de segundos. Aligeré mis hombros con el agua que caía, una a una, sobre ellos. Escuchaba pausadamente, como si estuviera presenciando todo en cámara lenta. Los minutos corrían y mi desatino junto con ellos.
Se disiparon mis memorias por un momento. Un extraño dolor amenazaba con hacerse manifiesto en cicatriz y matices rojizos-morados. Y así, algunas veces, el corazón necesita suturas, las suturas necesitan de hilos y los hilos necesitan ser de total sanación.

(No sé si continuará...)