Despierta en mí, durante el crudo ocaso
dormida, silente, carente de soldados
mitigando las reliquias que en tus sueños has dejado
por debajo de la almohada y dentro de ün cielo raso.

Viví en tus ojos la noche moribunda, horizonte despejado
con retazos de alegría, de pasiones desbordando.
Te vi, te vi, parpadeando cincelazos en un viento dibujado
con ajenas amapolas y valientes cabalgando.

Te vi, me viste. Me enamoré de ti, de tu líbido ocaso,
de tus ansias repetidas, de tus cálidos abrazos,
tus idilios infinitos y tu espacio inigualado.
Me enamoré de esos, tus ojos, que höy evoco sin pensarlo.

De tu espacio inigualado, sí, ese espacio que hoy abrazo.

© iu
(Diciembre 7 2006)