Escuchaba a Rafael Moreno mientras hacía un poco de oración, "La Paz y el Amor", una de mis canciones favoritas de ese cantante. Es un hombre de Dios, definitivamente.
Surgió algo mientras meditaba y sinceramente, ni cuenta me di. Creo que instintivamente tomé papel y lápiz y me puse a escribir. Cuando terminé, leí y aquí está lo que logré rescatar.

"En este momento, como en muchos otros, mi alma se inflama y el deseo aumenta y el amor me desborda y quisiera gritar de felicidad y... mil cosas... y quisiera en este instante transmitirte esa misma felicidad, participarte de ella, que alabaras juntamente conmigo al Señor... Quizá te pase lo mismo cuando haces oración, y más alegría me da el saber esto. Qué grande es Dios que su Amor y su Paz son infinitos y gracias, mil gracias porque nunca me dejas Señor, porque eres mi descanso, porque en tu infinito Amor has puesto en mi camino un alma que me comprende, un alma que arde con el mismo fuego que arde en mí...con tu mismo Fuego. Concédenos Señor ver tu rostro, habitar en tu morada. Concédele Señor tu Luz y tu Verdad. Ayúdale a ver y conocer tu Voluntad. Abrázale tan fuerte que no pueda escapar, que sienta tu Amor hasta la última fibra y que te ame hasta dar la vida donde más lo necesites, donde le quieras como un instrumento de tu Paz y Amor. Por último, Señor, llévale a ese lugar que sólo Tú conoces y lo das a conocer a quienes Tú deseas, a quienes Tú amas y te desean amar, ese lugar que es un desierto de amor habitado por sólo dos. Ámanos Señor de tal manera que lo único que podamos hacer sea amarte, amarnos. Gracias Señor porque nuestras almas están inquietas hasta que descansen en ti..."

Sí, definitivamente no fui yo... Fue un desbordamiento.
Volví en sí, como si hubiese estado inmersa en un letargo efímero. Busqué el reloj y había pasado hora y media desde que, pensándote, comencé mi oración. "Gracias, Dios". Y me levanté.

"Amén".