Un día tan especial como últimamente.Rosas, olor a rosas, y olor a ti.
Un matemático que no pudo resolver un problema. La escasez de luz que aplaca al cielo. El aire entre mis venas y la sangre en sus siluetas. El cambio que nunca es fácil como lo dice Paco. Mi garganta destrozada y mi saliva tan lejana. Mis cuentos y la Adilla, que no es cualquier Adilla. El amor que le profeso. "La luna" de Borsani en la imprenta y la malva del cielo. Una paloma. El refresco de Melina. Las expresiones de mis compañeros. Mis intentos por escribir con mayúsculas y mis ganas de que cambie el tiempo. Su aroma, sus instintos y sus sueños. Sus ojos, orgullo de una noche serena. El amor que le profeso. Las alas de una abeja. La disputa entre quienes no queremos. Las necedades. Las televisiones de pantalla plana. Las estrellas eclipsadas por el halo de su cuerpo. La espera del timbre. Los niños inquietos. Las risas infantiles y las burlas ingenuas. Un pajarillo cantando allá afuera. El frío congelante que entume mis suelas.
El amor que le profeso. El dolor de mi mano y el cosquilleo de mis venas. El maestro enfatizando "la escuela". Las ventanas con vaho y el vapor que les queda. El rojo de mis labios, las líneas de sus manos y los lunares que le besan. Las bendiciones que por la noche le he y me ha de dejar. El tiempo, la vida, sus vueltas. Las ganas intactas de noches amenas. Los latidos de mi corazón y mis sueños que sublevan. De la estirpe de los vientos. El amor que le profeso. El vuelo blanco de un amor poseso. Los amaneceres, en que, segundo a segundo, incesantemente le pienso. Su familia, los encuentros. Unos que otros nervios y luego, los intentos por calmar mi felicidad. Sus besos cálidos, rituales de amor. El piso llano esclarecido por el sol. Las hojas verdes impactando el tallo raso. La música ligera que acompaña mi descanso. Los días, las tardes, las noches pensándole. El tiempo que paso mirándole. La contemplación. Dios y tú. Tú y mi Dios. Los rugidos de mi estómago. Las once de la noche. El día de septiembre. Mi cuarto congelado y en mi mente, un copo de nieve. Los guerreros de sangre. El halcón al ras del suelo. Los viajes, el mundo, un cambio de sendero. El amor que le profeso.
Mis manos pequeñas, de musa sus dedos. Los ojos que miro y al segundo me privo. Los retazos de recuerdos de sublimes pasiones. El arte. Su arte, mis ruegos por ella. La faz de su esencia. Los rostros de gente, murmullos de arena. Las casas vacías y los muertos de Grecia. El Coliseo. Los duendes de mi cabeza. Las llagas indignas de injusticias repletas. Los niños, mujeres y dioses internos. Los vuelos hastiados de mentes con metas. La realidad. El amor, la humildad, la factible eternidad. La felicidad plena, los momentos para meditar. El amor que le profeso, que hoy venero y que muero por forjar. ELLA y el aroma que ha de dejar. Tú, sorpresivamente tú y, a su vez, la inmensidad.

© Lucía
(Noviembre 30 2006, Diciembre 1 2006)