I
Bendito su sueño por tenerte
benditas las ganas de saberte.
Amanecer en sus ojos, perla en su vientre;
irresistible deseo de algún día prometerte.

Benditas sus noches, sus desvelos y suerte;
sus pláticas eternas desde su alma hasta su vientre,
mientras sentías, soñabas y pensabas en moverte
y jugabas como un ángel hasta el día de tenerte.

Benditas sus manos,
benditas sus caricias,
bendito su calor que te prodigaba al mecerte.
Bendita sea tu madre hasta su muerte.

Bendita sea por la estrella que te entrega,
benditos sus ojos que se alumbran al verte,
bendito su pecho que tanto amor alberga
y que te regala cada noche como para entretenerte.

Bendito su vientre,
bendita su alma,
bendito su espíritu, pureza incandescente.
Bendita sea tu madre, bendita hasta su muerte.

II
Benditos los días que llegan para verle
porque son como el lucero tras la noche casi inerte,
como el viento que sucede a amaneceres insistentes
que dejan tal frescura a pesar de no tenerle.

Y benditos sus ojos
y la pureza del café que le regalan;
benditas sus manos
y las líneas que amablemente le engalanan.

Bendita su esencia,
bendita la luna que nace de ella;
bendito el amor que ella firme te inculcó
y bendita integridad que, como mujer...

que como mujer, en cuerpo y alma,
eternamente y con gran entereza,
ella en ti formó.
Bendita tu madre, bendita sea, por siempre. Señor.

©iu