Sencilla y postrada ahí
se encuentra la mesa vieja,
a la que nadie contempla,
pero que ahí se encuentra.

-
Madera apolillada
y cuatro patas viejas
son las que ahora, acompañan a la mesa…
a esa mesa vieja, que espera por presencia.

-
Y si, tú, de pronto vieras,
que parece como muerta,
mas no si la contemplas,
pues qué buena vida lleva.

-
¿Y quién dice que las mesas
no pueden ser viejas
y a la vez servirle a uno
sin pensar que está tan vieja?

-
Y sigue ahí, la dichosa mesa vieja,
en medio de un recinto,
un poco abandonada
y un tanto dispareja.

-
Pero la gracia de esta mesa
no es tanto que esté vieja,
sino son las experiencias
que ha vivido ya perpleja.

©Lucía