Los rayos del sol chocando contra el pavimento. Un pino verde a lo alto de la sierra. Un can comiendo pasto. Olor a cerillo recién encendido. El aire desaliñando mis cabellos. La falta de apetito. Mi hiperactividad. Los padres de familia. Mi deseo de ser una “estudiante normalâ€. El dolor abdominal. Mi maestra de Anatomía de hace dos años. La alegría ante un examen con calificación no esperada. La motivación. El aprendizaje con Rodolfo acerca del interés y el desinterés. Los halagos. El fenómeno natural que el Sol me regaló ayer para ser contemplado.

Un deseo y un clamato. Gente riendo. Personas sinceras y auténticas. El calor. Una chica con falta de integridad y totalmente nefasta. El suicidio y mis lágrimas un poco reprimidas. El verde de la camisa del “chico mejillas color cerezaâ€. Mis amigos. Tres cd’s. el tinte. La paloma blanca que se cruzó volando sobre mi cabeza. Las canciones, la guitarra y las manos. Los movimientos. El próximo viaje con mis amigos. Mis alumnos. El pato. La piel. Un insecto caminando sobre mi dedo. La danza. Los cables. Carlito, Rocío y Mariana. Mis fotografías. La gente nueva. Mi deseo de bailar tango y flamenco. El extrañar el volley ball. Mi litro y medio de agua, multiplicado por tres. El ocaso perfecto en la playa perfecta.

Las miradas. El “bla, bla, blaâ€. La “carta a un inmigranteâ€. Mi bina. Mensajes en mi celular. Una plática pendiente. El hogar. Mi garganta. El volar de los días de Mayo. La hormiga que viaja por la ventana y el recuerdo que me trae el pensar en la “hormigaâ€. Dios. El piso por debajo de mis pies. La maestra de pre-kinder del Colegio de mi tía. El rally que organicé hoy para mis enanos. El “porque siempre… detrás de un niño hay… ¿otro niño?â€, ¡ay, me olvidé de la “pelotaâ€! Una de mis canciones favoritas de Lila Downs, tanto que la pensaba, hasta que casualmente la escuché. El recuerdo de la infancia con ese juego. La memorización versus la comprensión. El agua. El poder correr después de mi accidente. La mala noticia de Elvia que, en verdad, me dejó un halo de tristeza. Los contoneos de las faldas del folclor. La nostalgia ante una plática. Las hormigas queriéndose meter a mi trasero. Las miradas de alguien y mi rechazo. El arrebol del cielo. Las nueve de la noche. El viento. La voz de mi flaco perdiéndose entre el barullo de la gente. Mi manzana tan roja y tan dulce. El tener que vestirme de vaquera uno de los próximos días, ¡ah, qué cosas!. Correr como canguro y descalza, de la mano de Ceci, por la explanada. “Hacer y deshacerâ€, ¡Bravo, bina! La familia extranjera. El número trece. Y yo.