Y era yo; sola, en medio de la habitación, quien desesperada gritó tu nombre...
Y al sentir convulsionarse el pecho, tuve que eclipsar los labios que te alardeaban esta noche...
Que me importa un carajo el silencio que me moje
o el sonido que me implore,
la rabieta que me pese
o la paz que me apasione.
Porque así, poco a poco, fui tentando a la victoria hasta sentirla resbalando por mi cuello, desvaneciéndose clara entre mis serenos pechos... como líquido, como hiel, como luna, como 'hacer'.
Y es que el hacer... ahora sé que no es sólo por hacer.


Ver la vida a través de los ojos de un pequeño. Tarea difícil. Pero al menos, quisiera morir en el intento.
-

Es difícil dejar de alardear a quien te gusta, más cuando hace aquello que siempre te ha gutado de dicha persona
Recibe un abrazo laaaargoooo y suaaveee
Iñaki!! Como siempre, gracias por tus comentarios...
Difiero un poco; porque... Es que hay de "alardes" a "alardes"... Ja ja ja.
¡Bien!, me va bien ese abrazo laaaaargo y suaaaave. Lo tomo desde allá, hasta acá. (¡Con razón la longitud! ja ja ja ja)..
Ja ja (amanecí con humor... ¿se nota?)
Un beso, amigo!
los labios siguen siendo empleados rebeldes en la gran industria de los sentimientos...
te mando un beso silencioso pero seguro