Y era yo; sola, en medio de la habitación, quien desesperada gritó tu nombre...

Y al sentir convulsionarse el pecho, tuve que eclipsar los labios que te alardeaban esta noche...

Que me importa un carajo el silencio que me moje
o el sonido que me implore,
la rabieta que me pese
o la paz que me apasione.

Porque así, poco a poco, fui tentando a la victoria hasta sentirla resbalando por mi cuello, desvaneciéndose clara entre mis serenos pechos... como líquido, como hiel, como luna, como 'hacer'.

Y es que el hacer... ahora sé que no es sólo por hacer.