Saborearé por tus muslos esa miel salina que se ha derramado en este amanecer, y que por tu abdomen desvanezcan todas esas sensaciones que provocan mi delirio entre tanto y tanto anochecer.

Sabe bien cada neurona que un estímulo más me haría enloquecer, y por si fuera poco ya en mi vientre hay espinas de placer...

que me arañan...
que me espinan...
que me tienen...
¡ya ni sé!

Que más me alarman tus silencios y que esa alarma es por vencer. Si bien es blanco tu derroche que ahora mío ya lo es; y que por cada muslo en que mi huella plasmo, mi alma apuesta todo a perder.

Pierdo uno, dos o tres...
pierdo estímulo, cabeza...
tentación o ¡yo qué sé!

Gano blanco, azul, morado;
gano espacio, aliento y voz;
y despedazo de a arañazos
tanta vibra de pasión.

Porque así cuando mis dedos viajan y recorren tu atardecer, déjome entera entre las puertas de tu vida y de tu ser...

viviendo, sintiendo,
amando, respirando...

Volando por el cielo que me lleva hasta tus brazos...

que me explotan,
que me hierven,
que me privan,
¡ya lo ves!

Que me pierden en tu pelvis como un blanco amanecer.