Y si todo fuera tan sencillo como dar un doble click y de esa manera formatear neuronas y corazón pa' volver a ser feliz.

Deberé buscar el autoestima que voló sin hacer escalas hasta Haití y pensar en el ave que me ayudará a encontrarle al cerrar mis ojos y calmar mi voz. Y debería ser tu sombra, una sombra que no cubra el sol.

Pero díganle a la impotencia que con un sólo doble click distante se desvanecerá. Y si la insuficiencia reencuentra mi pecho oprimido, mis alas resquebrajadas y mis ojos enrojecidos, díganle entonces que no volví. Que no volverá. Que ya me fui. Que cuando uno ama, comparte cada parte. Y cuando cada uno parte, el formar parte ya no aplicará. Porque dos es uno, sólo cuando uno es dos. Y me importa un carajo si algún día dije que "uno es uno", cuando después descubro que el amor me hace ver que, efectivamente, uno es uno, pero también es dos.

Y me pregunto, ¿cómo alguien puede ser su-fi-cien-te-men-te capaz de llenar todos y cada uno de los vacíos del alma cuando ésta se siente sin paz?, ¿tendrá un número designado en la lista de errores el quererte conocer más?, ¿saberte?, ¿comprenderte sin juzgarte?, ¿emociones apropiarme?, ¿sentimientos compartirme?, ¿amarte más y más?.
Donde la compenetración se pierda. Valdría más que la mordiera. Apretando bien mis dientes, encajando el sentimiento y mordiéndome bien fuerte. Porque sí, tenía razón, hay momentos en que uno se siente como si quisiera jugar a la ruleta rusa sin explicar una ocasión. Válido, muy válido. Pero momentos como esos, compartidos con dos tazas de café al mediodía, me sabrían muchísimo mejor.

Déjame si quieres y te hablo, sentimiento. Te lo digo a ti porque a nadie más quisiera fastidiar. Y los retruécanos me podrían parecer divertidos para esta argucia de momento. Porque a final de cuentas, aprendí que las palabras pueden no significar lo que parecen, pero muy en el fondo son lo que apetecen. Sí, lo que apetecen.

Ya no sé si son las venas rojas o las luces que preludian al amanecer. Dejaré que las palabras corran las persianas de mi habitación. Ilumínenla, lo necesito; como necesito a mi pedacito de pasión. Que se quiebran estas manos si no le tocan ni su piel, que se me secan estos ojos si no contemplo hoy su ser, que me va la vida entera y no lo puedo comprender. Que le amo y no es tan tarde para cuando quiera volver. Que dejaría de ser Lucía si le dejo de querer.
Y que hoy quisiera ser injusticia para molestarle, estrella para serle indispensable, un amor palpable, dolor soportable y pasión por enseñarle.
Y qué no daría yo por ser justicia para que creyera, confianza para que confiara, amor para que sintiera, dolor que no doliera... en fin, alma, sí, alma para que blanco y regocijo solamente tú sangraras.

Y así, haciendo doble click, el sol me sorprendió. Una almohada bien mojada y uno que otro fallido en la voz. Minimízame antes que me cierres, no me parecería tan mal que con un sólo click me restaures si así lo apeteces. Pero, ¿dónde está la luz? Hoy no es blanco y creo conocer esa razón. O ¿será que mis ojos no quieran abrirse por tanta divagación? Las nueronas comenzaron desde temprano a mandar estímulos al corazón. Y ¿quién me explica el cómo del que se tome una decisión con corazón?

"Cada quien su vida", hoy me dijo la razón. "Cada quien sus rollos", hoy... eso me hirió el corazón.