Hoy tengo antojo de ti,
tengo antojo de un acogedor roce de viento cálido sobre mi cara,
de un océano pintado en cartón.

Hoy tengo antojo de ti,
tengo antojo de tus ojos sutilmente puestos sobre mí,
de una puesta de sol dibujada en tu rostro.

Hoy tengo antojo de ti,
tengo antojo de una bendición emanada por tus labios precisos,
de un halo que deje una estrella fugaz en tu cielo;
tengo antojo de ti, de mí, de Dios.

Hoy tengo antojo de ti,
de tu vida, de tus manos, de tus ojos, de tu voz,
de tu alma, de tu letra, de tus huesos, de tu olor.

Hoy tengo antojo de ti,
tengo antojo de una tarde, recostada sobre el pasto húmedo y verde,
de un amanecer sin sol.

Hoy tengo antojo de ti,
tengo antojo de tu ausencia evocada en mi alma algún día gris,
de una vela olor a vainilla encendida en mi habitación,
tengo antojo de ti, de mí, de Dios.

Hoy tengo antojo de ti,
de tu andar, de tu risa, de tu vientre, de tu paz,
de tu idea, de tu fiesta, de tus celos, de tu amar.

Hoy tengo antojo de ti,
tengo antojo de una línea de Kahlo coloreando con siluetas su pasión,
de una excelsa melodía de Sinatra y del Mont Roig de Miró.

Hoy tengo antojo de ti,
tengo antojo, en esta tarde de cielo rojo, cortar mis venas y dejar la sangre ir,
dejar la sangre ir para que disuelta con lo borgoña del cielo se torne carmesí,
tengo antojo de ti, de mí, de Dios.

Hoy tengo antojo de ti,
de tus sueños, de tu sueño, de tus miedos, de tu estar,
de tu estrella, de tus lunas, de tu música y tu azar.

Hoy tengo antojo de mí, de Dios, de tanto y de nada,
de un arcoiris colocado en mi falda,
pero más, más…hoy tengo antojo de ti.