Me amas pero callas como el viento cuando quisquillosamente entra por los poros de mi cuerpo.

Me amas pero duermes como la luna cuando el alba dulcemente clarea los amaneceres de mi cielo.

Me amas pero piensas que, al callar como el viento y al dormir como la luna, mi corazón sabrá lo que tu corazón preludia.

Y al yo no saber lo que tu corazón prepara, permito que el viento me roce el cuerpo cuando pasa; y tú, celosamente, el corazón enciendes y entonces hablas; ya no duermes, ya no callas; tan sólo, tan sólo me amas.