-Cuando una persona brinda el impacto suficiente en letra, se borra la materia en una sutil cascada de aprecio y admiración. A su caída, un estanque de gozo alberga sueños y sacia la amistad. La sensación al sumergirse en sus aguas, es la calma y la frescura. Y al salir por un poco de aire, sus imágenes congeladas atrapan mi atención-.

Joven y hermosa, lleva su historia por las calles, abriendo puertas sin esfuerzo; sólo sonriendo. Con valores firmes, claridad mental y un corazón generoso, Lucy Morales Gil tomó la decisión de formarse como guía de niños y adolescentes, a quienes brinda su trabajo honesto y desinhibido. Con el respaldo de una familia honorable, enseñar y aprender es una labor que puede disfrutar al mismo tiempo que aprovecha los escasos tiempos libres para mostrar su parte artística, la cual da brillo a sus días. Rodeada de amistades sin un patrón común, explota sus múltiples talentos y los refleja de manera responsable en distintos medios. Soñadora, alimenta su espíritu con lecturas y consejos selectos, a la vez que enriquece su físico con arte marcial y ciclismo. De manera atinada, utiliza un lenguaje sencillo y femenino. Su capacidad de adaptación elimina obstáculos de su camino, para muchos, difíciles de superar. Su gusto por los niños le permite compartir lapsos importantes del día con sus pequeñas sobrinas, a quienes además, les enseña a sonreír. Con sencillez porta su belleza física, sin menospreciarla. Una ventaja sobre la adversidad, es su capacidad de tomar las cosas como un buen juego, así, no se atormenta. Al mismo tiempo, sensible, no se deja engañar por situaciones ni personas. Su entorno la recibe como un Gran Premio y ella se deja querer y admirar. Vestida de Piel Canela, observa el instante presente y permite al pasado resbalar, sigiloso, sobre su espalda. Al parecer, nunca se conforma y lo demuestra con su necesidad de independencia. No se presta a bromas de ningún tipo y, aún así, no pierde el sentido del humor. Un toque de ingenuidad, hace de sus charlas un verdadero agasajo. Sin carencias de amor, respira el ambiente citadino con su corazón mirando hacia las formas simples de convivencia. Observa con sus singulares ojos rasgados el pasar de las estaciones y se revela ante la desinformación y la censura. Sin límites ni pausa, camina altiva su juventud, devorando la esencia de la vida y los momentos de calidad.

A esa joven mujer de mundo, a nuestro Dios y los ejércitos que la cuidan, mi sincera amistad y respeto.

-Iñaki-