Lu dice: "¡El hombre... es el hombre!"
Según las definiciones encontradas en un diccionario común, la palabra “hombre” es mostrada con un sencillo significado como lo es: “animal racional”, pero para muchos filósofos, especialmente existencialistas, el “hombre” es mucho más que eso. Por citar algunos ejemplos, cabría mencionar a Friedrich Nietzsche, el cual asevera que “el hombre es un ser que debe preocuparse por sembrar la semilla de su futuro, puesto que pronto no habrá ya oportunidades para hacerlo”. Esto me hace caer en la cuenta de que lo que uno hace en su presente trasciende en un futuro, para la eternidad de cada individuo. Sí, vivimos en un aquí, en un ahora; pero todo aquello que sea concretado y presenciado en ese aquí y en ese ahora, permanecerá sin perecer en el futuro. Los actos cometidos por cada ser humano, así como las ideas emitidas por cada cerebro son totalmente variables, significativos y distintos; gracias a esto, podemos constatar que somos individuos con una identidad propia, no grupal. El hombre actuará, pensará y sentirá según esa identidad; aquella que le permite equipararse consigo mismo y en buena medida, complementarse con otros –no igualarse a ellos-, y en consecuencia a esto; se sobreentiende que el presente y el futuro de cada ser humano son y, siempre, serán distintos a los de sus semejantes.
Prosiguiendo con las diversas menciones acerca de los significados de lo que es el hombre para algunos pensadores, Sigmund Freud afirma que “la naturaleza del hombre no es cándida. El hombre tiene un instinto agresivo que necesita satisfacer”, aunque para ello, muchas de las ocasiones se lleve de encuentro a la sociedad, deteriorándola con sus actos instintivos e irracionales que cualquiera diría que no son de un animal pensante. Solemos actuar antes de pensar; nos dejamos guiar por los impulsos emanados del corazón y de las entrañas, mucho antes de pensar si lo que haremos o diremos es lo correcto o lo más benéfico, no sólo para mí, sino para los demás. A diferencia de los animales, el hombre posee la virtud de razonar; y esto me hace pensar que, como siempre, entre más poseemos, menos pensamos. En ocasiones pareciera que tenemos cierto temor a este proceso, el de pensar; y en realidad no cuesta mucho; dicen que “pensar es parir ideas” y yo digo que pensar es, efectivamente, parir ideas, con la gran diferencia de que en este momento de alumbramiento no existe el dolor. No requiere mucha ciencia el método, y sin embargo, promueve demasiado. Es obvio reconocer que hay cosas que las hacemos de manera mecánica e inconsciente, pero así mismo, hay ciertas otras que sí requieren una complejidad mayor al momento de entrar en ese proceso mental y/o cognitivo. Es absurdo e incoherente que pensemos que pensamos; cuando después de eso; se nos ve, en ocasiones, abusando y aprovechándonos de otros, y bien dicen que “la libertad de uno comienza donde la del otro termina”.
A diferencia de los filósofos antes mencionados, Albert Camus posee la idea de que “la vida es maquinal y rutinaria. La existencia del hombre carece de un claro sentido”. ¿Por qué se dice que no le encontramos sentido a nuestra vida? Quizá sea exactamente por lo mismo que Camus afirma en su definición: la rutina. Existe cierta etapa en la vida de cada individuo en la cual uno puede quedarse estancado cuando ya no logra esa generatividad característica que significa la capacidad de mantener su propio yo integrado y de atender a los demás sin olvidarse de uno mismo; cuando pasa esto, le perdemos sentido a la vida; nos envolvemos en una vasta rutina que nos aletarga y que nos incita a circular constantemente en ese ciclo insensato y entorpecedor. Así mismo, como lo manifestaría Eric Erikson, cuando se llega a ese estancamiento o pérdida del sentido de la vida, uno se vuelve mediocre y hasta cierto punto, conformista, porque se afianza a algo que ya está fijo, y pone un “hasta aquí”, declara un “alto” total a su existencia y se torna pesimista. Camus refleja un alto sentido de negatividad en todas sus obras, por ejemplo, en su libro “El Extranjero” se describe a un protagonista fatalista, sin el mínimo sentido hacia su vida. Massault ha perdido el norte de su existencia cuando se ve envuelto en un crimen, el cual supuestamente no ha cometido; de por sí ya su esencia era pesimista, pues más aún cuando le dan esa noticia. Es así como podemos presenciar un claro ejemplo de que cuando pasa algo inesperado en nuestra vida, y esto nos toma por sorpresa, nos vemos involucrados en tal encrucijada que no sabemos qué hacer o qué medidas tomar; qué soluciones o cuál de los caminos que se nos ofrecen es el adecuado para andar. La eterna pregunta: ¿cuál de éstos nos llevará a nuestro fin último: nuestra felicidad? Uno nunca sabe, pero no por esta razón perderemos el sentido de nuestro existir. Es una constante búsqueda; que muchas veces, quizá, no nos otorgue los resultados esperados; pero que, a final de cuentas, posee un maravilloso misterio lleno de aprendizaje y sabiduría, dos cosas que nos hacen madurar. Los caminos con corazón, como diría un buen amigo. Éstos son, por medio de los cuales el hombre alcanza su plena felicidad, a donde sea que vaya; lo que sea que haga, mientras sea con todo el corazón, logrará su cometido. Uno nunca podrá dar lo que no tiene; no se comparte lo que no se posee; no se enseña lo que no se sabe; no se transmite lo que no se siente; ni se dice lo que no se piensa. Si para un ser humano, su vida carece de sentido, ¿cómo podrá, entonces, intentar al menos darle sentido a la vida de alguien más?, ¿de qué manera logrará que sus acciones y esfuerzos trasciendan en la eternidad?
El hombre es, sin duda, para mí, un gran misterio; un enigma reflejado en su diario andar.


Ver la vida a través de los ojos de un pequeño. Tarea difícil. Pero al menos, quisiera morir en el intento.
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anónimo
7 dic 2005 | 05:05 AM
este servidor se siente halagado, por más de un motivo, y aquí menciona dos: estar presente en un blog profundo, tuyo y, por ser tu amigo