Había una vez un niño llamado Diego, que vivía en una casa enorme, con un jardín muy bonito, bien se podría decir que vivía en un verdadero palacio, sus padres lo querían mucho y siempre lo complacían en todo... era hijo único, pues su madre tuvo problemas después de su primer embarazo, Diego tenía 7 años. PERO ERA CIEGO, tuvo complicaciones graves al nacer, y los doctores no actuaron con la suficiente rapidez como para que fuera posible su recuperación... no había posibilidades de que el bebé recobrara la vista, a menos que alguien diera su vida por él (necesitaban una médula espinal), pero sus padres y doctores decidieron que el pequeño podría salir adelante aunque no pudiera ver y aunque le costara un poco de esfuerzo. Es por eso que nadie hasta entonces había dado su vida por que el niño volviera a ver. Diego se ha adaptado muy bien a su deficiencia, pero en el fondo de su corazón se siente solo, triste, quisiera salir a jugar como los otros niños, ir a una escuela normal, gozar de las épocas hermosas del año pues nunca ha pasado ni un cumpleaños ni alguna Navidad feliz.
Un día, antes de la Navidad, Diego llamó a su madre antes de que se fuera a la cama; su madre entró y al escucharle la voz, supuso que era algo malo, la sorpresa fue que cuando ella entró a la recamara del niño, él estaba llorando y se veía muy triste... La madre le preguntó que qué le ocurría y el niño sólo respondió: “NO ES NADA MAMÁ, SOLAMENTE QUIERO QUE ME DIGAS ¿QUÉ ES LA NAVIDAD, CÓMO SE VE, QUÉ PASA A MI AL REDEDOR CUANDO LLEGA EL GRAN DÍA?
La madre, sorprendida y sin saber qué contestar, bajó su cabeza y le rodaron unas cuantas lágrimas por sus mejillas... al mismo tiempo que lo abrazó y le besó en la frente, le dijo:
- Hijo, la Navidad no se ve, solamente se siente... y estoy segura que aunque no puedas ver lo que pasa a tu al rededor, Dios le manda muchas gotitas de dicha y de amor a tu corazón para que tú puedas sentir lo que es verdaderamente la Navidad. Muchas personas, tanto niños como adultos pensamos que esta época es solo para dar regalos, sí mi pequeño, pero no importa cuántos regalos materiales des, lo que importa es que regales un pedazo de tu alma, de tu corazón y de tu vida a los demás, lo que importa es ser generoso sin importar con quién lo seas, y más que nada que estemos cerca de las personas que más lo necesitan.

El niño, pensativo y conmovido por las palabras de su madre le preguntó:
- Entonces, ¿hay personas que no son felices, como yo, durante la Navidad?
La madre, aún más confundida y asombrada por las preguntas que le hacía el pequeño, le respondió:
- Dieguito, en el mundo hay miles y miles de personas que no son felices, pero no importa si es Navidad o Año Nuevo, o lo que sea; siempre hay una causa que les hace estar tristes, por ejemplo, que no tengan dinero, que no tengan una casa en donde vivir, que estén solos... o que.... –entonces interrumpió el niño- ¿o, qué mamá?, ¿que no puedan ver?.

La mamá se sorprendió mucho y con lágrimas en los ojos y casi sin poder hablar, continuó:
- No, mi cielo, no es así... creo que tú debes de aprender a ser feliz con lo que tienes y no aferrarte a algo que sabes que no es posible tener.. A veces somos tan injustos que aceptamos todo lo bueno que tenemos y lo malo no, pero eso nos hace daño hijo, y entonces nunca podremos ser felices. ¿Por qué no te pones feliz en esta Navidad y haces algo bueno por los demás para que te sientas bien?
El niño no contestó a esa pregunta, sino dijo:
- ¿Sabes algo mamá? Todas las noches antes de dormir, le ruego a Dios que de regalo de Navidad me de algo, no es mucho, pero quizá eso sea lo que me haga más feliz…
Entonces la madre, con la esperanza de que ella pudiera hacer algo por su hijo, le preguntó:
- ¿y qué le has pedido?
Diego respondió:
- Solamente le pedí algo que deseo con todas mis fuerzas: VER POR PRIMERA VEZ EN MI VIDA, AUNQUE SEA POR UN MOMENTO... PERO QUE SEA EL DÍA DE NAVIDAD PARA PODER VER TODAS LAS COSAS LINDAS QUE SIENTO Y ME IMAGINO...
La mamá del pequeño, congelada por las palabras que había pronunciado, no pudo decir ni una letra más, se sentía triste al ver que su hijo tenía la esperanza de recobrar su vista, y pronto le invadió un pensamiento...
Cuando dejó de llorar, abrazó fuertemente a Diego, y le dijo:
- MI PEQUEÑO, NO PIERDAS LA FE EN DIOS, YA VERÁS QUE LLEGARÁ UN DÍA EN QUE AL DESPERTAR, PUEDAS OBSERVAR LAS COSAS BELLAS QUE TE RODEAN, LAS COSAS TAN LINDAS QUE DIOS NOS HA REGALADO A TODOS... EN QUE PUEDAS POR FIN, VER CÓMO ES LA NAVIDAD…
Al darse cuenta la madre de que ya era un poco tarde, apagó las luces de la recámara del niño, y continuó diciendo:
- Hijo, ya es tarde, quizá tengas que dormir para que Dios te cumpla tu deseo. Si quieres, en lo que te duermes, te cuento algo... – entonces Diego la interrumpió- y dijo:
- ¡Sí, un cuento... pero que sea de Navidad!
Y así fue, la madre comenzó a contarle un cuento, pero un hermoso cuento de Navidad... En un instante, se quedó callada, besó al niño y dijo: “Espero que tengas una feliz Navidad, mi pequeño, te quiero mucho”. En lo que el niño se quedó dormido, tuvo un sueño, y en él, se le aparecía un ángel que le decía:
- “ Pequeño, no pierdas la fe en Dios, Él y yo sabemos que lo que más deseas es poder ver, pero sobretodo, quieres que se te cumpla ese deseo en Navidad, no es así? Pues bien, al momento en que tú despiertes, observa lo que pasa... ¡Ah, y se me olvidaba!... ¡FELIZ NAVIDAD!”.
Entre sueños, el niño y el ángel tuvieron una extensa charla... pero esa noche pasó algo sorprendente...

Al día siguiente, cuando el pequeño despertó, sentía algo raro, como si ese sueño hubiese sido muy real, y en su corazón había una felicidad enorme pero no se explicaba el porqué... por un instante, logró abrir los ojos, y notó que la oscuridad que veía, era diferente a la de antes.
Diego se encontraba en una cama de hospital, a su lado, estaba su padre que no podía dejar de llorar y al otro costado, sus abuelos y unos cuantos tíos que sólo lo consolaban con la mirada; pero todos sin decir nada.
Al momento en que pudo articular la primer palabra, adormilado por la anestesia, y con la voz temblorosa dijo:
- ¿Mamá, qué pasa, en dónde estoy?
Nadie contestó nada, y se sintió un vacío enorme dentro de la habitación... Era Navidad, y a pesar de eso, nadie podía sentir dicha total dentro de sus corazones.
En ese instante, el niño comenzó a ver cómo una luz blanca y brillante aparecía frente a él; que al parecer los demás no podían presenciar... Era algo confuso, pues no sabía de qué se trataba, estaba asustado, pero dentro de él, sentía una paz maravillosa... De pronto, una voz angelical le dijo:
- “Pequeño, es Navidad, recuerda: al momento en que despiertes, observa qué pasa...”, “Eres muy afortunado, por fin serás feliz, y tendrás una Navidad como la que siempre habías deseado”.
Diego, sin saber aún de qué o quién se trataba, recordó el sueño que había tenido y sin pensarlo, se levantó de la cama, pero como aún no se le pasaba completamente el efecto de la anestesia, no pudo mantenerse de pie, y su padre lo recostó de nuevo, entonces él comenzó a gritar:
- ¡Papá, mamá, es Navidad! El niño aún no se imaginaba lo que había pasado.
Su padre lo abrazó y llorando le dijo:
- Sí hijo, es Navidad... y hay un regalo especial para ti.
El niño emocionado, preguntó:
- ¿Cuál papá, qué hay para mí?
Entonces, su papá se acercó a él y le quitó la venda que tenía puesta, a lo cual el niño, sorprendido, abrió los ojos y comenzó a observar poco a poco todo lo que había a su alrededor, aún no captaba bien las imágenes, veía todo borroso, como era lógico, pero no tardó más en darse cuenta que podía ver, y feliz empezó a decir:
- ¡Gracias Dios, ya puedo ver, ahora sí soy feliz, y es Navidad! ¡Se ha cumplido mi deseo!
Cuando Diego se dio cuenta que su madre no estaba, empezó a preguntar por ella, como si tuviera un presentimiento extraño, nadie sabía qué contestar, todos lloraban, pero el pequeño no sabía si lo hacían de alegría o de tristeza, estaba confundido...
- Papá, ¿en dónde está mi mamá?, y ahora que me doy cuenta, ¿qué hago en un hospital? ¡Llama a mamá, quiero darle la noticia de que ya puedo ver!...
Reinaba un silencio interminable, y el niño no se explicaba nada... Su padre, pensó que era necesario decirle la verdad a Diego... Tomó un papel enrollado que estaba sobre una pequeña mesa y dijo:
- Hijo, tu madre estará muy contenta de que por fin puedas ver, pero... –hizo una pausa, para tomar valor- ella quiso que fueras feliz, y por eso cumplió tu deseo.

El niño sin entender, pues era aún pequeño para hacerlo, le preguntó a su padre que a qué se refería, y el padre le contestó:
- Hijo, pon atención a lo que voy a leer:

Era una carta de su madre. El papá de Diego, desenvolvió la hoja y comenzó a leer como pudo, pues sentía una tristeza muy grande...

“ QUERIDO HIJO:

SÉ QUE EN ESTOS MOMENTOS ESTARÁS MUY CONTENTO PORQUE POR FIN VES CUMPLIDO TU DESEO; ESPERO NO ARRUINAR TU FELICIDAD...
YA NO ESTARÉ CONTIGO, PERO NUNCA TE SENTIRÁS SOLO PORQUE HAY MÁS PERSONAS DE LAS QUE TU CREES A TU LADO, Y SOBRE TODO DIOS Y TU ÁNGEL GUARDIÁN -¿Lo recuerdas?- . NO ME EXTRAÑES, NI TE PONGAS TRISTE POR LO QUE HICE, SOLO QUISE QUE FUERAS FELIZ ESTA NAVIDAD Y SIEMPRE...
¿RECUERDAS QUE AYER TE DIJE QUE EN ESTA ÉPOCA ES IMPORTANTE DAR UN PEDACITO DE TU VIDA A LOS DEMÁS PARA HACERLOS FELICES ?, PUES YO ENTREGUÉ MI VIDA COMPLETA PARA QUE SEAS AÚN MÁS FELIZ.
¡QUÉ BUENO QUE NO PERDISTE LA FE EN DIOS! , YA VES CÓMO AHORA PODRÁS VER NO POR UN MOMENTO, SINO POR TODA UNA ETERNIDAD...
CREO QUE ESTE FUE EL MEJOR REGALO DE NAVIDAD QUE PUDE HABERTE DAD, ESPERO QUE COMO TE DIJE: HAYA HECHO ALGO BUENO POR TI EN ESTA ÉPOCA...
NUNCA ME OLVIDES HIJO, Y RECUERDA QUE SIEMPRE TE QUISE Y QUE ESTARÉ VELANDO POR TI DÍA Y NOCHE.
¡QUE TENGAS UNA FELIZ NAVIDAD POR SIEMPRE!
TE AMA :
TU MADRE.... “

Cuando el padre terminó de leer la carta, sin poder más, comenzó a llorar y abrazó a su hijo, diciéndole que nunca lo dejaría solo, y que le ayudaría a salir adelante sin su madre, pero que tenía que ser fuerte, y valorar lo que acababa de recibir.
Diego tenía la mirada perdida, como si hubiese entrado en shock, sin hablar, sin moverse, parecía que le costaba mucho trabajo asimilar lo que acababa de escuchar... le rodó una lágrima por su mejilla y lo único que dijo fue :

- ES VERDAD, NUNCA TENDRÉ UNA NAVIDAD MÁS BELLA QUE ÉSTA.

- fin –

LucyMorales.
Dic. 2000