
Hola! Mi buen amigo de la red, Iñaki, Iñigo, Ignacio...
Cómo va tu noche?! Me gustaría imaginarla, aunque bueno... Para como soy, en realidad lo hago (en ocasiones, mi imaginación trabaja más que mi propio corazón)!! y es genial ver mundos tan distintos en mil y una imágenes corriendo como filminas en mi cabeza...
Esta noche no salí; mi instinto de anacoreta volvió con el amanecer y se sentó en el suelo de mi cuarto para contemplarme en las pocas horas de mi sueño, esperando mi despertar para reclamarme que lo he olvidado tanto. Y esque en realidad lo he hecho. Últimamente no me doy tiempo ni para tirarme en la cama y perder mi vista en las nubes que pinté en mis paredes, y eso es malo, sabes?... Como diría Arjona "... por andar ocupado en el cielo, me olvidé que en el suelo se vive mejor..." Pero bueno, ya al menos este día lo dediqué a mi y a los míos, sin faltar mi trabajo y tareas de la Universidad, obviamente ja ja.
Ayer viernes no escribí, disculpa, pero te escribí en mi mente y te nombré unas cuantas veces. Mis defensas bajaron un poco (suelo ser muy descuidada en mi salud: poca comida y horas de sueño, mucho ejercicio y un ritmo de vida bastante acelerado no es una excelente combinación, cierto?), así que mi garganta y cabeza lo resintieron de cierta forma y anduve un tanto desganada en mis actividades. Mis pequeños gremlins lo notaron e hicieron su mejor intento por portarse bien, pero a la edad en la que están sería una fatalidad incongruente exigirles silencio cuando sus hormonas tienen tanto por gritar. En el salón de clases reinaban las 26 carillas expectantes; unas risueñas, otras adormiladas; algunos impacientes por el timbre de salida y todos felices porque se había llegado el fin de semana; sus risillas incansables, sus mofas sin maldad por quien pasaba al frente a exponer su "expo-project" y no adecuaba su grammar o su spelling como lo hacen aquellos que "saben más"; su algarabía que era punzante en mi cabeza y mi anhelo por sentirme mejor y revitalizarme para ellos... Reinaba todo y, a la vez, sentía que reinaba nada a mi alrededor. Me animé tras un detalle de uno de mis alumnos: Luisito, ese gordito que existe en cada escuela tan risueño, platicador y lleno de ternura. Luisito me regaló una obra de arte, fantástica para ser franca, una pintura algo abstracta pero llena de vida, tan llena de él, empapada de Luisito; cada color es cada lágrima, cada risa, cada juego, cada mirada, cada deseo, cada anhelo, cada mentirilla de esas blancas que luego dan risa y cada paso que el niño avanza hacia la madurez. Tuve junta de maestros al final de la jornada, tediosa (sin afán de ofender a la tía que es la directora), regresé a casa y quería dormir pero olvidaba que mi madre me ha casi prohibido el no darme tiempo para probar bocado, no más. Quité mi saco, dejé mis pertenencias sobre mi cama plagada de libros, fotos, diccionarios, lápices, hojas, recuerdos, sueños y añoranzas; y quise desplomarme sobre todos ellos cuando escuché un acústico "¡Lucía, baja a comer antes de que hagas cualquier otra cosa!". ¿A la orden de una madre...? Mi tarde siguió dándome lecciones que debía aprender o quizá...recordar: no excedas los límites de velocidad y menos cuando es un día lluvioso; camina a los lugares cercanos, puedes no encontrar lugar para estacionar el coche; los doctores suelen ser impuntuales, mejor asiste con el que ya conoces aunque sea pediatra; los nubarrones son como la carne en una carnicería, los encuentras en pedacitos; la preocupación te lleva a algo bueno sólo cuando es certera; debes dejar de ser tan perfeccionista en las combinaciones de colores en tu ropa; pisar un charco de agua y sonreir,
es signo de que aún revives ese recuerdo de tu infancia; si va pasando una persona por la calle y voltea a verte de abajo a arriba y dice "adiós muñeca", no lo juzgues ni digas "que patético", hay infinidad de individuos que caminan por inercia y no debemos ser de los que transitamos muertos en esta vida; al observar a alguien de lejos, haciendo algo, no significa que esté haciendo lo que tú estés pensando que hace... las apariencias engañan; mira a los ojos sólo cuando digas la verdad; camina despacio como si quisieras que los segundos fueran lentos y quedara cada momento congelado en tu mente; observa más a detalle, o-b-s-e-r-v-a; cuando alguien te pide perdón sin saber la razón por la cual su boca ha emitido esa palabra, recuérdale que mejor espere una digna ocasión, eso no se puede gastar así nadamás; aprendí la ambigüedad de que las ostras pueden aburrirse y que uno puede decir después "caray, me aburrí como ostra"; es bueno cuando sabes cómo utilizar un retruécano, pero es mejor cuando sabes con quién; mi intuición es un "no sé qué" que me asusta a veces por la suspicacia que la invade; es genial apreciar más allá de un todo, de las personas, de las palabras, de lo que uno lee o escucha, de lo que uno siente; el filosofar delante de la gente no implica que te deban entender, quizá para ti las frases: "el blanco es blanco", "¡positivo y positivo, no!", "pues... es como el futbol, sí, osea es como el futbol", "nadie.. ni tú...", signifiquen mucho aunque al resto del grupo les cree una sensación extraña de insensatez mental; hay que entender que se debe sonreír cuando tengas ganas de sonreír, llorar cuando tengas ganas de llorar, y abrazar cuando tengas ganas de abrazar... o sientas esa necesidad de palpar unos brazos rodeando tu cintura o tu espalda; recordé que una reacción ante una caricia es más que un instinto natural cuando interviene un sentimiento; si vas a comprar un corazón, asegúrate que incluya garantía; sería bueno que moderara mi meticuloso análisis ortográfico hacia todo lo que incluya letras; si vas a prometer algo, por lo que más quieras, no lo hagas si luego romperás la promesa; el arcoiris, sí, ese vago arcano, siempre sale tras un lapso de lluvia con la ayuda del halo solar; por más mexicano que seas, no tomes 5 caballitos y medio de tequila en menos de 30 minutos, dicen que "las nubes se van pero el sol no regresa"; a mi percepción, los celos se dividen en dos... son ambivalentes; si te duele la garganta, piensa en los mudos; la canela me sabe y tiene un extraño efecto que, al combinarla con el olor de la vainilla, provoca el clímax de la reacción... Y así fui recordando y fui aprendiendo con el paso de cada segundo. Más tarde fui a un museo donde montaron una exposición sobre Egipto (me fascinan las culturas antiguas), pero ésta no me embelesó tanto como lo que fui a ver después: fotografía a blanco y negro, magnánimas, todas y cada una de las imágenes. Me quedé pensando "Hey, fue toda una tarde de Bellas Artes!", pues más noche hubo una muestra de cine. Y culminé con el café, que no podía faltar; mordiendo las rajitas de canela para comprobar que tiene sabor y que el efecto está latente; voló el tiempo entre charlar y contemplar. Y... a final de cuentas pretendía que nada fuera una argucia, y argucia es sinónimo de sofisma, y sofisma significa mucho por donde lo quieras ver.
El ermitaño instinto sigue aquí observándome, ahora no está molesto, me contempla con ligera gallardía como si quisiera consolar, y esque hoy... solté algunas lágrimas. Nada de qué preocuparse, ¡las lágrimas purifican el alma! Wow. Ya es domingo. 5:44 de la mañana y el alba está por llegar. Yo también he inventado amaneceres con tintes violetas y cálidos vientos, pero me va más un atardecer borgoña de este loco otoño o una noche de invierno donde frío se respire. No cambio mis ocasos.
Presiento que Lucía debe intentar dormir. Disculpa, estornudé. ¡Oh! Este insomnio va a terminar por terminarme. Ja ja, me gustó la redundancia de términos. Pero "...No es la noche ni el café lo que me obliga a caminar por esta casa..." cantaría Filio. Así soy yo, querido amigo... Simplemente Lucía, compartida brevemente en unas cuantas líneas.
Bendito amanecer y lindo día para ti.
Un abrazo sincero,
Lu.


Ver la vida a través de los ojos de un pequeño. Tarea difícil. Pero al menos, quisiera morir en el intento.
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Iñaki
30 nov 2005 | 11:35 PM
Te volví a leer, mi Señora de la Luz. Mellama la atención el efecto de "la canela con la vainilla"
Un buen abrazo
Con cariño bueno